martes, 13 de junio de 2017

Camariñas, Camariñas que me vas camariñando

Tengo que reconocer que fue mi abuelo materno quien me contagió el cariño por las tierras camariñanas y más concretamente por Ponte do Porto, lugar que el frecuentaba por lazos familiares.














Desde hace muchos años Camariñas es uno de mis lugares preferidos para pasear y desconectar. Siempre que voy descubro un lugar nuevo y nunca deja de sorprenderme, hay infinidad de caminos para perderse.
Puedes disfrutar de playas salvajes, calas escondidas, montes de arena blanca, inventarte rutas por el monte y disfrutar de todo lo que nos ofrece la naturaleza.








Aunque a mí me encantan estas tierras, tengo que reconocer que no a todo el mundo le gustan. Una vez hablando con una compañera de trabajo del País Vasco, me decía que a ella no le gustaba, que estaba todo como abandonado, perdido,.. en cambio para mí es ahí donde radica su encanto.


Adoro los sitios tranquilos y en los que aún se puede disfrutar de paisajes maravillosos sin el bullicio de turistas y tiendas de souvenirs.
Es cierto que en los últimos años la zona se está promocionando y dando a conocer con rutas como “o camiño dos faros”, la “mostra do encaixe”,.. y aunque a toda “ A costa da morte” le vendría muy bien el impulso económico del turismo, también perdería parte de su encanto y de su tranquilidad.
Yo espero seguir perdiéndome por rutas inventadas desde Traba a Camelle, caminos escondidos de Arou a Santa Mariña, vistas infinitas de aguas tormentosas y molinos abandonados en aguas del Río Porto.




 “O pasar por Camariñas, por Camariñas pasei cantando ”
        


domingo, 19 de febrero de 2017

Parque del Pasatiempo: del esplendor a la ruina.

Hace más o menos un mes que visité el Parque del Pasatiempo en Betanzos, siempre había oído hablar de él e incluso había visto fotos pero nunca me había coincidido de visitarlo y tengo que decir que me quedé maravillada y defraudada en la misma proporción.

 Maravillada por que alguien en 1893 tuviese la idea de crear algo así, donde cada rincón es diferente y mires donde mires hay detalles infinitos llenos de mensajes.


 Paseando por el parque no dejaba de pensar lo que debió de sentir la gente de la época cuando visitaba aquel lugar. En unos años dónde muy pocos viajaban y casi ninguno volvía, dónde apenas había recursos ni mucho nivel cultural; poder adentrarte en ese parque en pleno esplendor, recién construido y con todos los detalles bien cuidados debía de ser toda una experiencia inolvidable.


Sin embargo en la actualidad te sientes defraudada, viendo como una obra tan importante, única y novedosa está marginada al olvido y al abandono, donde cada detalle poco o poco se va deteriorando, y de lo que queda ó está en mal estado ó le faltan partes.
Es una pena que los leones que están en el Santuario de Covadonga hayan sido vendidos y sacados de este lugar, que alguien tuviese la idea de atravesarlo con una carretera separando el estanque de los jardines, que se haya dejado abandonar hasta el punto en el que el parque haya perdido todo su esplendor y que restaurarlo sea casi imposible por el coste que supondría.





Cada vez estoy más convencida de que los gallegos no valoramos lo que tenemos y con frecuencia lo estropeamos.
Este parque se empezó a construir en 1893 y se terminó en 1914 bajo la idea y coste de Juan García Naveira, un betanceiro retornado de Argentina, que quiso plasmar parte de sus experiencias viajeras en él.



 Debido a su estado de conservación el parque puede dar hasta miedo, pero aún perdido en el olvido tiene su encanto y está lleno de rincones sorprendentes, escaleras que llevan a cuevas y pasadizos que avanzan en la oscuridad para sorprenderte con detalles únicos.











 A pesar del estado en que se encuentra, merece la pena visitarlo porque no es solo un parque, es toda una obra de ingeniería y arquitectura muy sorprendente para la época en que fue construido.





Hay que valorar lo que se tiene antes de perderlo, a veces no valoramos cosas que nos rodean por que tenemos la suerte de verlas a menudo, pero que Betanzos tenga algo de este valor patrimonial y que se haya dejado abandonar hasta este estado dice mucho de lo que un pueblo valora lo que tiene.
Se podría decir que es algo único, diferente y muy avanzado para la época en que se construyó, pero muy poco valorado por generaciones posteriores que no supieron verlo como un valor enriquecedor de su pueblo.